lunes, 6 de mayo de 2013

El principito y mis inicios en los Servicios Sociales Básicos



“No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”     
                               
Antoine de Saint Exupéry

Un regalo inesperado ha hecho que reflexione sobre mis inicios en los Servicios Sociales Básicos. No hace tanto tiempo, pero si echo la vista atrás, han pasado muchas cosas, muchas personas han llegado a mi vida y las diversas experiencias me han enriquecido enormemente.
El lunes 19 de febrero de 2007 me incorporaba a trabajar en el Centro de Acción Social de Ledesma, en la provincia de Salamanca. Me sentía muy pequeñito y tenía una gran preocupación pues mi trabajo previo en el Comité Antisida de Zamora me hacía absolutamente feliz, dejar a mis compañeras de esta asociación era muy duro para mí y no sabía lo que me deparaba mi nuevo destino, aunque lo afrontaba con ilusión.
            Está claro que soy muy afortunado porque no podría haberme encontrado con mejor compañía en el CEAS. Cuando llegué ni siquiera tenía claras mis funciones, todo me parecía demasiado grande, pero siempre he afrontado bien los retos así que con la ayuda de mis compañeras empecé a ser como una esponja, adquiriendo conocimientos y habilidades de los que carecía. Con el tiempo llegaría el traslado a Peñaranda, nuevos miedos y nuevamente las mejores compañeras. A veces me pregunto qué es lo que he hecho para estar siempre rodeado de las mejores.

            El principito de la imagen significa muchas cosas para mí. Desde esta semana está situado frente a mi cama, sobre el mueble que restauré hace un par de años, así que lo observo cada noche antes de dormir. Sólo han pasado unos días, pero desde que está conmigo concilio mucho mejor el sueño. Me acompaña.
“El principito” habla del amor, de la amistad, de las relaciones humanas, del sentido de la vida. También habla de la soledad y de la pérdida, situaciones a las que los trabajadores sociales nos enfrentamos a diario.

            Como un principito me hicieron sentir mis compañeras Petri y Feli cuando llegué a Ledesma. Más tarde llegaría Jorge y formamos un tándem perfecto los cuatro. Sé que yo también aportaba cosas, pero sobre todo las recibí. El símil de la esponja me viene muy bien porque me iba empapando de estrategias y herramientas de intervención social totalmente novedosas para mí. Cuando trabajas con profesionales de tanta categoría, con gran sensibilidad hacia los problemas, con un compromiso inquebrantable y verdadera vocación, sólo es posible que acaben haciéndote mejor persona y mejor profesional. Propongo una reformulación del famoso dicho popular: las manzanas sanas contagian su vitalidad al resto de frutas. Nunca tendré GRACIAS suficientes que compensen el aprendizaje y el disfrute de esos años.

            En la mayoría de los Centros de Acción Social de la provincia de Salamanca, los dos trabajadores sociales compartimos despacho. Al principio esto me llamó la atención y no lo comprendía muy bien. Veía varias dificultades, principalmente la de crear un espacio de confianza y confidencialidad con las personas a las que atendemos. Pasado el tiempo comprendí que esto es una fortaleza de nuestra organización por muchos motivos, a destacar:

  • Facilita la coordinación entre ambos profesionales.
  • Se potencia el aprendizaje mutuo.
  • Conocemos los casos de ambas zonas, facilitando la atención de usuarios cuando la compañera no está y evitando que tengan que repetir su historia infinidad de veces.

Son muchas horas juntos, durante muchos días, meses y años. De mi primera compañera he aprendido que un pelo en la cabeza es poco, pero en la sopa es mucho. Que un minuto es muy diferente según el lado de la puerta del baño en el que estés. Que los problemas se han de afrontar igual que cuando ordenas un mueble, abriendo cajón a cajón y no todos a la vez, aprendiendo a priorizar. Ella me enseñó a entender que la hora más oscura de la noche es la que precede al alba. He aprendido a ser trabajador social y sé que parte de lo que soy cuando me enfrento a situaciones complicadas se lo debo a ella. Aunque ya no compartimos despacho ni centro, en cada una de mis intervenciones hay parte de su esencia.

Ledesma (Salamanca)

Hoy sólo puedo decirle a ella y al resto de mi primer equipo en Servicios Sociales Básicos: GRACIAS. Sabéis que os adoro y os admiro en lo profesional y en lo personal. Seguimos aprendiendo juntos.