viernes, 17 de mayo de 2013

Homofobia



Hoy 17 de  mayo se conmemora el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. La fecha es muy apropiada pues tal día como hoy, hace 23 años, la homosexualidad fue excluida de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Era el año 1990, no ha pasado tanto tiempo y aún hay quien pide con mucha fuerza que se vuelva a incluir, por eso es bueno recordarlo. Hasta entonces muchos eran considerados enfermos mentales. Aún hoy algunos sectores sociales y lo más grave, profesionales, nos tachan de enfermos a las mujeres y los hombres que no encajamos en el rol de género que se nos ha asignado tradicionalmente. Y no es necesario ser homosexual para que esto ocurra, basta con no adaptarse a lo establecido.

Jugar con muñecas, jugar con niñas, llorar, no ser hábil en los juegos competitivos, no insultar a las chicas, rehuir las peleas, mostrar sensibilidad, no entender de fútbol, parecer débil, no mostrar atracción hacia el sexo opuesto, preferir la lectura… son características que pueden marcar la etapa escolar de los chicos, estigmatizarles y generarles un gran sufrimiento debido al rechazo y acoso de sus compañeros.

 Jugar al fútbol, jugar con chicos, ser intrépidas, mancharse la ropa, odiar las faldas y los juegos de niñas, preferir las películas de acción a las comedias románticas, llevar el pelo corto, no buscar un príncipe azul, subir a las alturas, no tener miedo a nada o mostrarse poco femenina… son características que pueden marcar la etapa escolar de las chicas con alguno de estos comportamientos, siendo discriminadas por ello. Cuando estas "desviaciones del rol" vienen generadas por la transexualidad, la situación puede ser aún más traumática.

            Me apetece compartir una anécdota que en su momento me marcó de forma significativa, tanto que aún la recuerdo. Yo tenía 11 años, era el año 1991 y estaba cursando sexto de E.G.B, en aquella época desconocía lo que significaba exactamente ser homosexual y tampoco sabía que tan sólo unos meses antes la OMS había eliminado de su catálogo de enfermedades esta supuesta patología mental. Un maestro muy joven, sustituto de una profesora en situación de baja por enfermedad, nos estaba impartiendo una clase de matemáticas cuando un alumno de último curso llama a la puerta.
El maestro, del que no recuerdo el  nombre pero sí su cara y el miedo que me produjo desde aquel día, deja entrar a este alumno, un chico muy amanerado que pide permiso para hablarnos de una actividad escolar y pedir colaboración. Nos lo explica ante la mirada escrutadora de mi profesor y una vez que termina, le da las gracias educadamente al maestro y sale de la clase. En ese momento mi profesor comienza una humillante burla imitando el excesivo amaneramiento de este alumno, ahora ausente. Casi todos mis compañeros se ríen y yo me quiero morir. Supe entonces lo que es sentir vergüenza y rabia por el comportamiento de otro ser humano. Y también tuve muy claro que ser diferente a los demás podía traerte muchos problemas, y entre los más graves el de no encontrar apoyo en los adultos que deben dar ejemplo, fomentando las actitudes de rechazo hacia el que no se adapta al rol de género dominante. En apariencia fue tan sólo una broma, pero este maestro con su actitud generaba un sufrimiento innecesario.

            La RAE define la homofobia como “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”. Aún en España hay quien acude a consultas de profesionales con su hijo o hija adolescente para que les trate la homosexualidad. Los profesionales con una buena formación y actitud de profundo respeto a la diversidad humana, cuentan a los padres que ser homosexual no es una enfermedad, pero que es posible y deseable trabajar la aceptación del hijo o hija con apoyo emocional y psicológico.

En septiembre de 2012 la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) da a conocer el Informe “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB”, tras entrevistar a jóvenes de 12 a 25 años que han sufrido acoso escolar homofóbico. Su lectura es muy recomendable, pero basta con leer el artículo de Rosa Montero “La homofobia en la escuela” para hacerse una idea de lo que estamos hablando.
Sólo apuntaré un par de datos que creo suficientes para hacernos una idea de la magnitud del problema: el 43% de quienes sufren acoso escolar homofóbico se plantea el suicidio, el 17% lo intenta. Rosa Montero nos recuerda el tristemente famoso caso de Jokin Ceberio, el niño de 14 años que en el año 2004 se suicidó en Hondarribia tras sufrir acoso escolar, y del que sus torturadores afirmaban que era homosexual, según varios testimonios.
Quizá lo más grave que revela el informe de la FELGTB es que el 11% de los jóvenes entrevistados  han sufrido este tipo de acoso por parte de un profesor. Pocas bromas con esto.

La homosexualidad no es una enfermedad, pero la homofobia mata.
           
            Si te interesa este tema te recomiendo la lectura de la entrada “Mi sexualidad es mía” que escribí en este blog hace un tiempo y en la que también hablo de homofobia en nuestro país y fuera de nuestras fronteras.