domingo, 8 de diciembre de 2013

Desmontando el mito de Hansel y Gretel

Hoy os ofrezco dos "regalos" relacionados con el tema de la semana pasada: el vih/sida y sus consecuencias sociales. El primero es un cuento que escribí para contribuir a eliminar prejuicios. El segundo, al final de la entrada, es la canción de Rozalén "Comiéndote a besos", que habla del amor hacia un hombre seropositivo donde lo más importante son las ganas de sentir. Espero que los disfrutéis.





          Hansel y Gretel están profundamente indignados. Desde que se había corrido el rumor por el pueblo de que la chica del bosque era portadora del vih, la gente había decidido llamarla vieja bruja, creando un clásico estereotipo de cuento. Y si algo tienen claro estos dos, es que no es ni vieja ni bruja. Y es que a Hansel aún le hacen los ojos chirivitas cuando recuerda cómo esa belleza rubia y de pálida tez, les insistía el día en que la conocieron, con su voz aterciopelada, que podían tomar tantos dulces como desearan.

          Pero todas las historias tienen un principio y es conveniente empezar por el mismo para no liar al lector. Esta historia comienza con los apuros económicos que debido a la crisis (conocida por todos) atormentaba a padre y madrastra de nuestros protagonistas. Si bien es cierto que en un primer momento la madrastra propuso deshacerse de los niños, cuando vio el sufrimiento de su marido se dio cuenta del error. Siendo fieles a la realidad, no podemos responsabilizarla a ella de una idea infantil, ya que cualquier persona que haya investigado un poquito el mundo del cuento, sabe que los hermanos Grimm eran unos auténticos aterradores infantiles, por no llamarles directamente pedagogos terroristas.

          La verdad y nada más que la verdad, es que fue idea de Hansel ir al bosque para saber qué se escondía detrás de las historias sobre la vieja bruja. Si tenemos que definir a Gretel, podríamos decir sin temor a equivocarnos, que es una niña responsable, educada, estudiosa y generosa. Es decir, una repelente sabelotodo. Si tenemos que hacer lo propio con su hermano, entonces diremos que Hansel es el precursor de la generación ni-ni. Lástima para la madrastra del cuento que estemos en pleno Siglo XXI (por favor) y no en la Edad Media, donde el infanticidio era una solución drástica pero eficaz para los problemas de la economía doméstica. No había anticonceptivos, pero todo podía resolverse con un buen machete.

          Pero centrémonos, que nos estamos yendo por las ramas. Hansel convenció a su hermana para adentrarse en el bosque y como conocían el cuento de Garbancito, no tiraron migas para marcar el camino de vuelta, sino que utilizaron unas uvas robadas para este menester, pensando que los pájaros no se las comerían (en este punto es conveniente recordar que Hansel es ni-ni).

          Aunque quisiéramos honrar con este cuento la denostada figura de la madrastra, faltaríamos a la verdad si nos saltásemos un detalle de demostrada relevancia: ella vio cómo los niños salían furtivamente de la casa hacia la espesura y conocedora de los muchos peligros que les podían acechar en el bosque, no hizo nada por impedirlo. Claro, luego se quejan de la fama que tienen…

          Pasaron varias horas y no pocas penurias por el bosque, sin llegar a su destino. El problema era que no se sabían el camino y muy probablemente estarían caminando en círculo, perdidos. Cuando Hansel estaba a punto de coger a su hermana por los pelos y arrastrarla hasta el río para acabar de una vez por todas con su desagradable “te lo dije” que le taladraba la cabeza cada minuto y medio, llegó el milagro. Apareció la casa. Como salida de la nada se presentó ante ellos una maravillosa casita de chocolate, decorada con nueces, almendras, caramelos de fresa y canela… ¡y un montón de piruletas y porciones de turrón!

          Esta vez fue Hansel quien gritó a su hermana un orgulloso “te lo dije” y ella no dijo nada más. No podía hablar. Sólo deseaba comer hasta hartarse.

          El resto de la historia es fácil de contar. La casa por dentro era más bonita y colorista que por fuera, y la chica rubia que allí vivía les invitó a pasar y a saciar su hambre y su sed. Les dijo que se llamaba Bruja, pero que no era una bruja. Era todo belleza y amabilidad, como si llevase mucho tiempo deseando tener compañía, como si se supiese el cuento y tuviera la certeza de que finalmente ellos dos y sólo ellos dos, acabarían apareciendo. Nada de todas las historias que contaba la gente, nada de verrugas, ni de jaulas, ni de gatos negros. Y por supuesto nada de secuestros ni de un caldero con agua siempre hirviendo preparado para cocinar y comerse a los niños. También en esto nos engañaron los Grimm. Y la madrastra.

          Lo único que allí hubo fue una interesante conversación y una bonita pero desgarradora historia, la contada por Bruja a los niños, que la escuchaban con atención mientras comían dulces sin parar. Ella había sido una chica normal, divertida, estudiosa y con planes de futuro. Había tenido un par de novios amables hasta que un día se enamoró locamente de un capullo (según palabras de Hansel, desconozco en este momento si ese fue el adjetivo utilizado por la chica). Era guapo, aventurero… y qué moto tenía!! En fin, un auténtico encantador de serpientes. Así que se le olvidó que con él también tenía que usar condón.

          Un día ella se despertó y él ya no estaba. No cogió más su teléfono y tampoco contestó a sus mensajes. Y borró para siempre su cuenta en el Facebook.

          En este punto de su relato no pudo evitar que una lágrima resbalase por su mejilla, pero se repuso con rapidez.

          Bruja es una mujer optimista, ahora ya no culpa al chico de la moto. Fue ella quien tenía que haber tenido más precaución. Ahora está contenta, vive tranquila en el campo, come, respira, hace footing, la terapia antirretroviral mantiene el virus a raya y tiene un nivel de defensas cojonudo, como el de cualquiera. Vuelve a tener planes de futuro y le da igual lo que piensen en el pueblo. Ahora está feliz, dice que montará una escuela porque quiere ser maestra, pero pide a Hansel y a Gretel que le guarden el secreto, porque aún está ahorrando para conseguir su sueño, y los sueños que se cuentan, no se cumplen.

          Nuestros dos valientes protagonistas volvieron a su casa, pero no gracias al camino marcado por las uvas, de las que los pájaros ya habían dado buena cuenta, sino porque su recién estrenada amiga les acompañó.

          Poco a poco van superando su cabreo, porque a Bruja no le importa lo que piensen ni lo que digan de ella. Ahora cada tarde la visitan, ella les ayuda con los deberes y ellos le regalan sonrisas. Y sin duda, su sueño, cada día está más cerca.