sábado, 17 de mayo de 2014

Cuento en el día contra la homofobia


Hoy es 17 de mayo y eso significa que conmemoramos a nivel mundial el Día contra la Homofobia y la Transfobia. Si quieres conocer el origen de esta celebración reivindicativa lo conté el año pasado en una entrada (aquí) que si lees, podrás conocerme un poco más.

Este año podría contar una situación de homofobia sufrida por mí y de este modo contribuir a desmitificar la idea de que ya está todo ganado, todo hecho, que no hay nada por lo que luchar, pero voy a dejarlo madurar un poco más y seguiré con el plan previsto. Voy a compartir un cuento escrito por mí que habla de estereotipos de género y que considero muy adecuado en esta fecha. Espero que os guste.


                               EL BELLO DURMIENTE

Erase una vez, hace muchos muchos años, unos reyes poco fértiles que deseaban con fervor tener una hija que heredase su reino. Cada vez que la reina volvía de luchar en alguna de sus muchas batallas, el rey le recibía con manjares exquisitos, un baño caliente con aceites esenciales y la cama con dosel preparada para pasar una noche de máximo placer y lograr descendencia.

La reina era conocida en la corte por su pericia con la espada, su valentía, su perseverancia, su capacidad para tomar decisiones y su éxito social, militar y político. El rey, por su parte, era muy popular por lo bien que atendía el palacio, por su ternura, su generosidad, su discreción, su entrega a los demás y sus guisos de carne con especias. El matrimonio era querido y respetado por el vulgo y hacía años que nadie añoraba la república, pero en su alcoba vivían el drama de no lograr la tan ansiada descendencia, la primogénita que a su muerte gobernase con mano firme los territorios conquistados con esfuerzo y estrógenos.

Transcurrido un tiempo y con la ayuda de ungüentos de una vieja hechicera lograron embarazarse, pero la ecografía de las veinte semanas desveló aquello que temían: el bebé sería varón. Pronto asumieron que si no tenían descendencia femenina nadie querría vivir en un reino gobernado por un hombre, pues sus súbditos eran gente muy conservadora acostumbrada desde hacía siglos al liderazgo de reinas audaces, valientes y conquistadoras. Lo intentaron durante años pero los ungüentos no volvieron a hacer efecto en el vientre yermo de la reina, y por aquel entonces la adopción internacional no era tendencia.

Así que muy a su pesar decidieron educar a su hijo para gobernar, intentando no ver que la cabra tira al monte y que el joven príncipe mostraría desde muy chiquitito predilección por las tareas del hogar, el diseño de interiores y el color rosa-fucsia.

Siendo un adolescente delicado, aficionado al ballet y a hacer encaje de bolillos, acudió a una fiesta juvenil organizada por una periodista estirada y ambiciosa, donde le dieron un hongo alucinógeno que le hizo dormir por cien años, hasta que una joven e intrépida princesa de un reino lejano, después de pasar por mil trampas y aventuras, logró despertarle del profundo sueño con un beso en la mejilla… presentándole, cuando se hubo quitado las legañas y vestido con ropas que marcaban su cuerpo definido, a su hermano, un príncipe soñador, atractivo y muy viril, partidario de la condonación de la deuda externa y la consolidación de unos Servicios Sociales de calidad y con el que compartía muchas aficiones (la lectura, la danza, salir al campo a recoger margaritas o el macramé) motivos más que suficientes para que nuestro joven príncipe cayera enamorado tal y como había soñado durante años.

Se casaron con los pies descalzos para sentir la tierra a la que estaban vinculados por linaje, expulsaron de su reino a los prestamistas, a los usureros y a todos aquellos que querían echar a otros injustamente de sus casas, inventaron los derechos humanos, la educación pública, la sanidad universal y la ley de dependencia, prohibieron la caza de elefantes y fueron felices, comieron muchos y exquisitos guisos de cocina vegana y juntos fundaron el primer reino gobernado por hombres sensibles.

Y colorín colorado, este cuento no tan monárquico como aparenta, ha terminado.