lunes, 8 de abril de 2013

Lunes de aguas





En el Siglo XVI Salamanca era una ciudad con dos curiosas realidades: miles de estudiantes en la universidad, todos varones en aquella época, y miles de prostitutas en las muchas mancebías existentes. Meretrices y estudiantes dotaban de vida y actividad a la ciudad. En esa época Salamanca albergaba la más antigua Universidad española, cuna del conocimiento y el saber, al mismo tiempo que se había convertido en el mayor burdel de Europa, algo que censurará Felipe II a su llegada a la ciudad. Pretendiendo imponer su propia visión de la moral pública, promulga un edicto que obligará a vaciar la ciudad de prostitutas durante el tiempo de cuaresma, amenazando a las rameras con sufrir graves castigos si no respetan este exilio o cuarentena.

Las prostitutas se trasladaban a la otra orilla del río Tormes el miércoles de ceniza y la ciudad se veía privada del vicio mercenario y los placeres del comercio de la carne. Transcurrido este tiempo, que era controlado por el llamado Padre Putas, las mesalinas volvían a la ciudad cruzando el río en barcas el lunes siguiente al lunes de Pascua. Los estudiantes las recibían en la otra orilla con gran regocijo y lo celebraban por todo lo alto. Una multitudinaria fiesta orgiástica que terminaba con estudiantes y putas bañándose en el río saciados de alcohol, comida y placer.

Desde entonces conocemos este día como el “lunes de aguas” y aún hoy las familias lo celebran saliendo a comer al campo el famoso hornazo de Salamanca, aunque no todos conocen el origen de esta fiesta pagana. Aquello que durante mucho tiempo fue una celebración del vicio, llega a nuestros días transformado en una fiesta familiar y comunitaria. Placeres ambos, al fin y al cabo.

La sociedad se transforma pero conserva costumbres de las que a veces olvida su origen. De entonces nos quedan dos expresiones populares: “pasas más hambre que las putas en cuaresma” y “a Salamanca putas, que viene San Lucas” haciendo referencia este segundo refrán al cura que las trasladaba, el padre Lucas, al que pocos llamaban así.

Explicar en el blog el origen de esta festividad me sirve de excusa para hablar de la dimensión comunitaria del Trabajo Social. Centrados en nuestras obligaciones diarias, rodeados de expedientes, solicitudes, papeles, plazos y problemáticas diversas, dejamos de lado una dimensión muy importante de nuestra intervención: la comunitaria.

Los trabajadores sociales somos agentes de cambio pero la realidad es que casi nunca creamos algo que no exista previamente ¿cómo es esto posible? La respuesta a esta cuestión es que intervenimos en tres dimensiones: individual, familiar y comunitaria. Aprovechamos las redes y relaciones existentes (familia, escuela, vecindario, amistades, instituciones) potenciando su utilidad para los individuos.

La comunidad funciona sola, la idea no es modificar sus procedimientos pero sí aprovechar sus sinergias para colaborar y mejorar sus muchas potencialidades. Tengo la suerte de intervenir en el ámbito rural donde la comunidad es un recurso de apoyo imprescindible. Volviendo al ejemplo del lunes de aguas: mientras en la ciudad esta tradición ha perdido fuerza, en los pueblos sigue contando con muchos adeptos. Es un momento único para notar el calor de la gente, una celebración de la vida comunitaria, un homenaje al soporte social que implica la familia, las amistades y el vecindario. En definitiva, la comunidad de la que el individuo forma parte inseparable e imprescindible.

Esta entrada es una invitación a la reflexión sobre esta dimensión grupal y comunitaria:

¿Hacemos Trabajo Social Comunitario?
¿Reconocemos la importancia que tienen las asociaciones, los ayuntamientos, los grupos, el vecindario, la parroquia?
¿Somos capaces de entrar en esa realidad social y aprovechar su potencial?
¿Se lo hacemos ver a quienes toman las decisiones sobre la metodología de intervención?

Para terminar quiero hacer un recordatorio: desde el pasado jueves cuatro de abril, el joven Darío, mirobriguense de 24 años, está desaparecido. Se precipitó al vacío cuando tomaba una foto en el Pozo de los Humos, situado entre las localidades charras de Masueco y Pereña, donde el río Uces forma una impresionante cascada que en estos días lleva más caudal y fuerza que nunca. Toda la provincia está conmocionada con el suceso y pendiente de los equipos de rescate que siguen buscándole sin resultado hasta el momento. Quiero mostrar mi absoluta admiración a los equipos de salvamento, entre los que cabe destacar la actuación de Guardia Civil y Bomberos. Los mismos que han sido expedientados por expresar su opinión llevan días jugándose la vida por encontrar a Darío. Para mí, son valientes. Casi héroes.

Este lunes de aguas va a ser muy diferente en la provincia de Salamanca. Es un lunes triste. Y aún así, sigue siendo un momento para compartirlo en comunidad. Qué importante es la comunidad de la que formamos parte.

Fuentes de información: Lunes de Aguas y Pozo de los Humos