sábado, 19 de enero de 2013

Y si me afecta... ¿qué?



"En el reino de las mariposas el rey vio un pequeño resplandor a lo lejos y quiso saber de qué se trataba. Envió a una mariposa para que investigara. Cuando volvió dijo al rey:
      - Es la LUZ de una vela.
El rey no se quedó tranquilo ante la respuesta y envió a una segunda mariposa. Cuando esta volvió venía con las patitas quemadas y le dijo al rey:
      - Es la LLAMA de una vela.
El rey quería tener mayor conocimiento y envió a una tercera mariposa con el encargo de que se acercase mucho. La mariposa no regresó, sólo se percibió de ella el olor a chamusquina. Se había acercado tanto, que la luz pasó a ser llama y la llama pasó a ser FUEGO"    
  
Hace casi dos semanas se murió un usuario. He querido esperar un poco para no escribir en caliente pero sigo con la necesidad de hacerlo. Se supone que no me tiene que afectar, que estoy preparado para este tipo de cosas. ¡Soy un profesional, señores, un profesional!
Se supone que sólo debo acercarme hasta la luz, tener cuidado con la llama y por supuesto nunca llegar hasta el fuego. He de mantener la distancia profesional. He de ser la vara hueca del sabio que acoge los problemas que los demás comparten con él, pero que al final del día deja que salgan por el otro extremo de la vara hueca para que no le afecten.
Pues qué cagada. Con todas las letras. A veces me afecta. Qué le voy a hacer, a veces desaparece el profesional y sale el sentimiento desbordante e incontrolado. Casi siempre lo controlo, pero aún queda el casi. Y así ha sido esta vez.
Creo que le fallé. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo de ir a verle y se murió. Él confiaba en mí, me lo dijo muchas veces, él confiaba en que yo ayudaría a su familia y le fallé, no tuve tiempo. Me siento culpable por ello. Y sé que todos estos sentimientos no son profesionales, pero están ahí y no quiero que se enquisten. Necesito sacarlos.
Ahora sé que no me contó cosas, que tenía miedo. Yo no supe sacárselas pero ya no es tiempo para eso. ¿Por qué me sigue afectando?
Una vez más he decidido aprender, sacar mi parte positiva y no escuchar mucho a mi exigente conciencia, que me pide más y más y me está machacando demasiado. Así que voy a hacer el ejercicio “Me permito . Ahí va:
  • Me permito fallar y me permito aprender. Tengo derecho.
  • Me permito no saber hacer las cosas mejor. Tengo derecho a estar en proceso.
  • Me permito sufrir con el sufrimiento ajeno. Tengo derecho a sentir.
  • Me permito sacar de dentro el sentimiento de fracaso. Tengo derecho a avanzar.
  • Me permito ser humano. Tengo derecho a ser como soy.

Vale, ya me he engañado un poco, es liberador. El caso es que sirve. Os recomiendo el ejercicio, este año ya van dos.
Me pasará más veces y me da miedo no controlar, pero tengo un miedo aún mayor: que llegue un día en el que esté tan acostumbrado al sufrimiento ajeno que deje de sentir. Ese día, definitivamente, sí habré fracasado.
Allí donde estés, espero que puedas estar tranquilo. Yo haré lo posible.


  P.D. Esta semana la revista digital Allegramag de Lucía Etxebarría ha publicado uno de mis artículos. Este es el enlace:



(El texto de incio de este artículo es material de trabajo del Centro de Humanización de la Salud, esta es su página web: www.humanizar.es)