viernes, 14 de diciembre de 2012

Una mala mujer


A los trabajadores sociales nos interesan las historias de vida, quizá por eso nos dedicamos a este oficio a veces ingrato. Yo me siento absolutamente feliz cuando veo que alguien que no me conoce de nada abre su alma para mí. Disfruto de sus gestos, de sus palabras, de sus lamentos, de sus lágrimas, de sus deseos, a veces también me regalan sonrisas. Pero sobre todo me ponen en bandeja de plata su vida, sabiendo que yo quizá la pueda juzgar o cuestionar. Puede que intuyan que no lo haré, porque cada persona vive su vida como quiere y yo lo único que debo hacer es acompañarles y orientarles en ese proceso.

Hoy tengo entre mis manos un relato vibrante, humano, apasionante, directo. Servido en bandeja de plata. Se trata del libro “Una Mala Mujer” de Montse Neira. Nunca la tuve en mi despacho, no la he mirado a los ojos, no me ha contado nada personalmente y sin embargo, su historia me ha emocionado tanto como cualquiera de las que oigo cuando ejerzo mi profesión.
Supongo que ha sido así porque el libro es verdad, pura y dura verdad. Una realidad, la suya, contada en primera persona y sin miedo, como un salto al vacío sin red. Una mujer que lleva muchos años ejerciendo la prostitución y que ha decidido esta vez sí, ser una mujer pública.

Imagino que no ha sido tarea fácil porque el estigma de puta pesa mucho, y sólo alguien muy valiente puede cargar con esa mochila para siempre en la sociedad de la doble moral. Claro que estar toda la vida escondiéndose también tiene que ser muy duro, como para volverse loca.
         Admiro profundamente a todas esas personas que no hacen las cosas por su único interés personal, que hacen de su vida un camino de compromiso ético, social, político. Pienso que Montse es una de esas personas, que ha decidido dejar de ser invisible para reivindicar que es una mala mujer. Con su testimonio puede ayudar a mucha gente, por eso me gusta que no deje de luchar por los derechos de quienes desde siempre han sido lo contrario a la buena hija, la buena hermana, la buena esposa, la buena madre, por los derechos de aquellas que no se dejan someter. Las malas mujeres son las que comercializan su sexualidad, por eso las llaman traidoras del género, porque son libres. Y aquí tenemos a una de ellas dando la cara por las que no saben, no pueden o no quieren hacerlo.
          
         Para abrir boca quiero contar una anécdota, algo que ella relata en su libro y que me impresionó tanto que me motivó a contactar con Montse. Cuenta que habiendo ya cumplido cuarenta años y pensando en el futuro decide ponerse a estudiar. Necesita, sin embargo, que alguien la oriente y tiene la genial idea de acudir a los Servicios Sociales de su Ayuntamiento. Le cuenta su historia a la trabajadora social y esta fantástica profesional de la intervención social en lugar de confiar en sus posibilidades le aconseja dejar la prostitución y ponerse a fregar.
Amo mi profesión, me genera tantas decepciones como satisfacciones pero a pesar de ello, sé que lo hago por vocación. Confío en las potencialidades de la gente, otra cosa no tendría sentido. Me gustaría pensar que hay pocos profesionales en Servicios Sociales como la mujer de la anécdota. Bravo por Montse, bravo por la mala mujer que decidió abrirse camino y hoy es licenciada en Ciencias Políticas sin haber dejado de ejercer la prostitución. Porque le da la gana.
Montse es una mujer generosa que me ha autorizado a que hable de su libro y de su experiencia. Ella también es una bloguera muy activa con mucho que decir y que compartir. Os animo a visitar el enlace que está aquí abajo, a la derecha.

Para terminar me gustaría contaros que el 17 de diciembre es el “Día por el Fin de la Violencia contra las Trabajadoras Sexuales”, una buena oportunidad para intentar conocer un poquito más esta realidad. No más agresiones, no más muertes, no más mujeres forzadas. Yo quiero mujeres libres que hagan con su sexo lo que les dé la gana.

Ah… os voy a contar un secreto: ¡Yo no creo que Montse sea una mala mujer!