jueves, 20 de diciembre de 2012

Las mujeres invisibles



La semana pasada os anunciaba que el 17 de diciembre es el “Día por el fin de la violencia contra las trabajadoras sexuales” aprovechando para hablaros del libro de Montse Neira. Quiero insistir un poco más en este tema ya que a diferencia de otros días internacionales no tiene apenas repercusión. Y creo que es así porque hay realidades que preferimos apartar, situaciones que si no nos tocan o no son bonitas o no sabemos cómo afrontar elegimos de manera no del todo consciente echar en el olvido. 
            Existe una vergonzosa doble moral en este sentido. Pocos admiten usar sus servicios y sin embargo los españoles nos gastamos al día cincuenta millones de euros en prostitutas, una industria de dinero negro que parece no tener límites. No pretendo hoy entrar en debates sobre qué podríamos hacer,  habrá ocasión para ello ya que el tema me apasiona, pero me gustaría centrar la  mirada en ellas, en las mujeres invisibles, hacerles un pequeño homenaje porque ellas ríen, sienten, se lamentan, lloran, sufren, disfrutan, se aferran a la vida y luchan cada día en un mundo salvaje.
            En Servicios Sociales nos encontramos a muchas más personas invisibles, como ellas, y por eso mi homenaje a estas sirenas de falda corta quiero hacerlo extensible a todos aquellos que sin voz claman por un mundo más justo. Son fechas para cuidarnos, para estar con los nuestros, para darnos mucho cariño, pero también para pensar en quienes caminan por la cuerda floja de la integración social.
           
            Comparto, para hacer este homenaje, un texto de Fernando León de Aranoa, autor de la película “Princesas” y hombre comprometido con el mundo en el que vive. Es un texto que me emociona profundamente  y que está incluido en el libro de la asociación Hetaira “La prostitución a debate. Por los derechos de las prostitutas”. He pedido para ello autorización a su productora “Reposado” y amablemente me han permitido difundirlo. A mi me emociona mucho. A disfrutar.

                                                      "Las mujeres invisibles"

Las mujeres invisibles no existen, no trabajan en la Casa de Campo cada noche, no pasean casi desnudas entre sus árboles asombrados, como de bosque encantado venido a menos. Podréis verlas allí, haciendo equilibrios sobre la cuerda floja de sus arcenes, paseando inestables, hermosas, entre el caudal lento y metalizado de los coches. Podréis verlas, pero en realidad no estarán ahí. No tienen papeles que lo demuestren, que les den la identidad y la vida, el derecho a caminar por las calles sin miedo a los uniformes. Tampoco su trabajo existe, aunque pagan a diario los altos impuestos de la precariedad, la triple cuota diaria de la persecución y el dolor, triple por mujeres, por ilegales, por putas. Tienen tantos jefes al día como clientes abrazan su fe y los riesgos laborales que asumen son tan grandes que, de saberse, harían enrojecer a sindicatos, ministros y primeros de mayo.
Las mujeres invisibles carecen además de voz. Oiréis a muchos hablar en su nombre, nunca a ellas. Cuando las quieren salvar, cuando las quieren proteger, cuando las quieren esconder, cuando las quieren echar, tampoco podréis escucharlas porque nadie les pregunta nada, nunca.
Son las mujeres transparentes, las de la mirada secreta. La sociedad mira a través suyo, las oculta con disimulo bajo la alfombra desteñida del progreso y niega su existencia porque se avergüenza. No encontraréis a nadie, político o cliente, que admita haberlas visto, haber escuchado de su boca palabra, risa o lamento. Alguien vertió en su copa la pócima siniestra de la invisibilidad social y hoy vagan por los bosques desencantados que circundan las ciudades. Son las mujeres invisibles, los papeles las desmienten, contradicen su existencia, son una hipótesis sin formular aún: princesas confundidas, desterradas, que viven a diario el exilio forzoso de la desesperación.
Sin embargo, cada noche, en la Casa de Campo, sale vaho de sus bocas cuando ríen, reunidas en torno a la hoguera cómplice de su conversación. Si escucharais con atención las oiríais hablar con una ternura desacostumbrada de sus novios, de sus hijos, de lo que la vida tiene aún reservado para ellas; las oiríais discutir, prometer, lamentarse a veces, aunque discretamente, sin perjuicio de la alegría. Si escucharais, las oiríais también celebrar su cumpleaños un día, con un pollo rostizado comprado a los ambulantes que frecuentan sus espacios. Luego el brindis emocionado, cerveza y plástico, las palabras que se anudan en la garganta, los aplausos y las risas, los bolsillos de la memoria cedidos ya a la fuerza de tanta ausencia.
Mientras, a su espalda, el horizonte soberbio de la ciudad, con sus torres de cristal, duerme tranquilo, ajeno a todo, también a su propia fragilidad. Pero allí arriba, arriba, está la vida, hablando en muchas lenguas distintas el idioma común de la esperanza. Son las mujeres invisibles. No las podréis ver, pero son tal vez, lo único real.


                        Que disfrutéis de algunos días de paz!! Felices fiestas!!