miércoles, 30 de noviembre de 2016

Este examen lo vas a pasar. No te lleves el virus a casa.



    El 1 de diciembre se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el SIDA, y en estos días se habla ampliamente de vih, se repiten los datos de forma insistente y realizamos actos dirigidos a la ciudadanía para recordar que es un problema vigente y que se hace necesario seguir reivindicando más apoyo para erradicar la enfermedad y el estigma asociado a la misma. A partir del día dos de diciembre el tema empieza a diluirse y la preocupación vuelve al cajón del que no saldrá hasta el próximo año. Y menos mal que tenemos un día en que los medios de comunicación se preocupan de nosotros, menos mal. 

    Desde el año 2002 colaboro con el Comité Antisida de Zamora, una de las ONG`s que más digno y necesario trabajo realiza de cuantas conozco. De mi pertenencia a esta entidad viene toda mi formación, preocupación e implicación en el movimiento antisida. Desde hace menos tiempo formo parte también de la asociación IGUALES, entidad desde la que en Salamanca luchamos por los derechos de las personas LGTB+. Desde esta asociación hace un tiempo que formamos una Comisión de Salud Sexual y estamos trabajando intensamente la prevención del vih.

    Y como los datos siguen siendo imprescindibles, diré que el 53,6% de las nuevas infecciones de vih en España se dan en hombres que tienen/tenemos sexo con hombres, los llamados HSH. Si somos apenas un 6% o 7% de la población ¿cómo es posible que nos llevemos más de la mitad de las nuevas infecciones? (datos Ministerio)

    En Castilla y León la cifra de infecciones en HSH baja un poco, pero nos llevamos el 41,67% de los nuevos casos y por primera vez en 2015, las relaciones homosexuales superan a las heterosexuales como vía de transmisión, en una comunidad autónoma que sufre una pérdida o sangría constante de población LGTB porque aquí no es fácil vivir sintiendo una afectividad no mayoritaria. (datos JuntaCyL)

    ¿A alguien más le escandalizan estas cifras o sólo a mí? No estamos hablando de porcentajes, estamos hablando de personas. Los hombres homosexuales somos un porcentaje pequeño de la población y nos llevamos la mitad de las nuevas infecciones, y debemos decirlo sin miedo. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Somos más inconscientes? ¿Nos cuidamos menos? ¿Nos hemos olvidado del uso del preservativo?

    Ninguna de estas preguntas debería tener una respuesta afirmativa y si alguien cree que sí, debería estudiar un poco más el tema porque su ignorancia es vergonzosa. No, los hombres homosexuales y otros HSH no hemos perdido la cabeza ni somos más temerarios que el resto de la población, pues la falta de campañas y el olvido del SIDA en los últimos años ha hecho que todas las personas hayamos bajado la guardia, no sólo nosotros. Sin embargo, somos un colectivo más vulnerable por varios motivos, como son el tipo de prácticas sexuales que tenemos o la versatilidad, entre otros factores. Razones que exigen a los hombres que tenemos sexo con hombres que tengamos mucho más presentes las medidas preventivas y que hacen necesarias campañas y actuaciones específicas para nuestro colectivo, que hoy son prácticamente inexistentes.

    En la parte positiva, los HSH recibimos el dignóstico de vih de forma menos tardía que el resto de la población, quizá porque en nuestro colectivo existe una mayor conciencia o percepción de riesgo (desmintiendo por tanto la teoría de que nos cuidamos menos) y eso hace que comencemos antes el tratamiento y evitemos nuevas infecciones. Y para seguir fomentando el diagnóstico precoz, desde Iguales lanzamos una nueva campaña en Salamanca los días 1 y 2 de diciembre (ver cartel) en que realizaremos el test rápido de vih a quien se acerque a las mesas informativas que vamos a instalar.

¿Realmente crees que es mejor no saber? Anímate, hazte la prueba.

martes, 4 de octubre de 2016

Los escorpiones y el control social


     En una fábula atribuida a ESOPO un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar un caudaloso río subido a su espalda, pues los escorpiones, según este señor de la antigüedad, no saben nadar, ni cruzar ríos, ni nada que se haga dentro del agua. El escorpión promete al bicho verde no hacerle ningún daño y el bicho verde accede a hacerle el favor, pero a mitad de camino el bicho negro y malo clava su aguijón en la rana generosa.

     "¿Cómo has podido hacer algo así de estúpido? Moriremos los dos" dice la rana. "No he tenido elección, amiga, es mi naturaleza" responde el escorpión.

     He contado la historia añadiendo unas cuantas etiquetas (bicho malo, rana generosa) porque esta fábula tan conocida me viene muy bien para lo mío y quiero que se entienda por dónde voy. Hoy quiero hablar del control social. Ese que de forma tan disciplinada y diligente ejercen algunas y algunos profesionales del Trabajo Social. Pongamos un ejemplo.

     Entra un usuario en el despacho de la trabajadora social (en masculino también me vale, por supuesto) a contar sus miserias y a pedir ayuda. La trabajadora social busca en cada palabra, en cada gesto, en cada actitud, algún signo de incoherencia, una mentira, el engaño o la exageración que el usuario por su naturaleza de tal, va a intentar colar a la rana generosa que a pesar de todo está dispuesta a ayudar, porque ella es así de magnánima (además de estar obligada a ello) pero con unos cuantos límites muy estrictos porque se sabe el cuento y no quiere que le claven el aguijón una vez más. Y a esos límites los llamará, por supuesto, INTERVENCIÓN SOCIAL

     La Política Social mal entendida, o al menos entendida desde un punto de vista que no comparto, impone a las y los trabajadores sociales un modo de intervención desde el CONTROL SOCIAL, que implica imposición de límites estrictos y compromisos por parte del usuario que son auténticas obligaciones en muchos casos insuperables

     Y esto tiene dos consecuencias, principalmente: 
  • La intervención no sirve de nada, porque en cuanto la relación de ayuda se establece en este marco de actuación impositivo, el usuario estará dispuesto a aceptar su naturaleza y "firmará"  lo que haga falta con tal de recibir la ayuda. Lógico, yo también lo haría.
  • El trabajador social no logrará una verdadera relación de ayuda basada en el vínculo con el usuario, que ha de ser el protagonista de sus cambios, si es que los necesita o está dispuesto a llevarlos a cabo. Nuestra misión es acompañar y promover cambios, nunca imponerlos.
     Pero muchos profesionales se meten felices en su papel de gestores de migajas adjudicadas a quien más las merece porque al fin y al cabo estamos repartiendo el dinero de todos y esto es cosa seria. Son aquellos profesionales que se han creído su función de control social hasta convertirse en su propia identidad profesional

     Las etiquetas son útiles, nos sirven para simplificar, al menos en un primer momento, y avanzar en el conocimiento de las personas y sus diferentes realidades, pero debemos entender que si nos quedamos únicamente con la etiqueta nos vamos a equivocar, porque las personas estamos llenas de matices, somos diversas, y no tenemos ni la naturaleza del escorpión ni la de la rana. Tampoco un término medio, la auténtica aventura es descubrir la verdadera naturaleza de cada uno, que para complicar y hacer más apasionantes las cosas, evoluciona a lo largo del tiempo.

    Como trabajador social prefiero alejarme pronto de las etiquetas (que no me gustan ni en la ropa, me pican) y aunque soy consciente de que muchas veces es lo que se espera de mí, no me van a encontrar del lado de quienes ejercen el control social. Yo quiero estar junto a las personas, conocer la realidad que me quieran mostrar y a partir de ahí, hacer un camino juntos en el que yo no imponga mi punto de vista. No es fácil, pero al menos hay que intentarlo.

     ¿Y si un día todos los profesionales del Trabajo Social nos negásemos a ejercer el control social y apostásemos por las personas, qué creéis que ocurriría?

P.D. Por suerte el mundo del Trabajo Social está lleno de grandes profesionales, con esto no quiero generalizar, pero también hay quien entiende la intervención de un modo que no comparto, y ese y no otro es el motivo de escribir este artículo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Mentir a los usuarios ¡¡ERROR!!




     Una experiencia poco agradable en mi trabajo me ha llevado a esta reflexión que en realidad no es nueva. Un choque en la forma de entender la relación con los usuarios por parte de otra trabajadora social con la que tengo que coordinarme para algunos casos, y que ha generado un conflicto importante que me lleva a cuestionar cómo algunos profesionales del Trabajo Social entienden nuestra función y la relación que se establece con los usuarios.

     El caso no viene a cuento más allá del cabreo que me pillé ante la recomendación que me hizo esta "profesional" de que mintiera a los usuarios respecto al derecho que tienen a recibir una prestación de Servicios Sociales en una modalidad concreta. Que esta prestación se organice de ese modo afecta al trabajo de la empresa a través de la cual se presta el servicio vía convenio (¡gracias externalización!) y la sugerencia de esta compañera, ante la dificultad para la prestación del mismo en condiciones adecuadas y dignas, es: "puedes decirles que no tienen derecho". ¡Bravo, ética, no eres bienvenida en este juego!

     No obstante el tema va más allá del caso concreto, el tema de reflexión es la mentira, y respecto a esto me hago unas cuantas preguntas, pues me gustaría llegar a alguna conclusión, aunque sólo me sirva durante un tiempo:

  • ¿Es ÉTICO mentir a los usuarios? Bueno, esta pregunta es fácil de responder, ético no es. Ni desde el punto de vista del código deontológico en que se apoya nuestra profesión, ni desde otras perspectivas éticas fuera del Trabajo Social. Éticas particulares a parte.
  • ¿Es ÚTIL mentir a los usuarios? La respuesta a esta pregunta ya no es tan fácil, aunque quizá la dificultad radique en lo mucho que cuesta reconocer que en ocasiones mentimos a los usuarios porque nos resulta útil. También podríamos decir que adornamos la verdad, pero es que a veces la adornamos tanto que la convertimos en mentira. Hablo de esas ocasiones en que nuestra valoración respecto a algún tipo de intervención o la concesión de una prestación o servicio no es del agrado de la persona que tenemos delante y huimos de la verdad con descarada cobardía echando la culpa a los protocolos, la normativa, la comisión valoradora, los recortes o lo que nos pille más a mano. Cualquier cosa a cambio de evitar el conflicto. Lo he hecho y no me siento orgulloso de ello pero mentiría si dijera lo contrario ¡jolín con la mentira!
  • ¿Es NECESARIO mentir a los usuarios? Aquí llega el embrollo padre, porque no sé ni qué contestar. Intuitivamente respondo que no, que no es necesario, pero quizá otras compañeras de profesión puedan ayudarme a encontrar motivos que sustenten o contradigan mi postura. Porque indagando en mi cabeza pienso en alguna ocasión, extremadamente excepcional por fortuna, en que te enfrentas a un usuario conflictivo y decides faltar a la verdad, son los casos en que la mentira es necesaria porque es útil pero ¿te sientes bien al actuar así? En el resto de casos, pongamos como ejemplo que la trabajadora social que coordina el SAD desde la empresa adjudicataria del servicio te pida que mientas porque no tiene auxiliares en la zona, no, en ese caso no es necesario mentir al usuario, más bien al contrario es necesario luchar para que el derecho del ciudadano pueda ejercerse en condiciones óptimas.

     Si para algo me ha servido este blog en el tiempo que lleva de vida es para reflexionar sobre mi quehacer diario y de este modo, intentar mejorar mi forma de trabajar para sentirme más satisfecho a la hora de irme a la cama ¡maldita conciencia castradora! Así que si me dedicase a contar lo bien que trabajo y no reconociese que en ocasiones he mentido, no estaría colaborando al objetivo que me marqué cuando empecé a escribir.

     Ahora bien ¿mentir a un usuario respecto a sus derechos? Mira, por ahí no paso, y que me lo diga una compañera de profesión engorda mi vena Patiño. Y una vez en este punto no me aguanto la referencia al mito masculino por excelencia: sí, a todos nos gusta tenerla grande, pero la nariz en su justa medida, que al final los golpes van siempre al mismo sitio.

lunes, 29 de agosto de 2016

ATENCIÓN: ¡¡Equipo feliz en Servicios Sociales!!




     Trabajar en Servicios Sociales implica una carga emocional para la que no todas las personas están preparadas. Ejercer el trabajo social no es una tarea sencilla, exenta de riesgos psicológicos. He visto a alguna compañera sobrepasada por situaciones en el ámbito laboral, yo lo he estado más de una vez. No debe cundir el pánico, sólo hay que parar un instante, reflexionar sobre el momento en el que estamos, ver todos los factores en juego y sacar conclusiones que mejoren nuestra acción. Son los mecanismos del aprendizaje que nos prepara para afrontar futuros retos con mayor control de la situación, también a nivel emocional.

     A veces la situación personal o familiar afecta al trabajo. Hace poco alguien me dijo que no debería ser así, que nuestros problemas personales nunca deberían influir en nuestra atención a la hora de trabajar, pero no comparto esa opinión. Debemos procurar ser eficientes y dejar  nuestras preocupaciones personales fuera de nuestra intervención, pero a mí los superhéroes sólo me gustan en la ficción, prefiero saber que tenemos debilidades y que somos sensibles a lo que pasa a nuestro alrededor, no de otro modo podríamos ser buenos profesionales, cuando nuestra profesión tiene tan importante componente social y humano.

     Llevo una larga temporada en la que preocupaciones y ocupaciones familiares hacen que mi ánimo no esté a pleno rendimiento en todo momento, y a pesar de ello saco el trabajo sin demasiados problemas. Sigo atendiendo a la gente con la amabilidad y profesionalidad que me exijo desde que ejerzo el trabajo social con pasión, y no tengo más fallos o despistes de los habituales en mí (que son unos pocos). De hecho creo que este año estoy logrando organizar mi trabajo mucho mejor y eso me hace más eficaz.

    ¿Cómo es posible lograr todo esto si mi ánimo no siempre está a pleno rendimiento? Diréis que debe haber algún truco y os diré que efectivamente así es, hay truco. Y tengo EL MEJOR TRUCO DEL MUNDO, es absolutamente infalible, pero aunque lo voy a compartir en un instante, no está al alcance de todo el mundo. El truco está en las personas que me rodean. Por supuesto estoy bien acompañado a nivel personal, pero este blog no nació para hablar de mi vida, sino para compartir inquietudes profesionales y eso es lo que estoy haciendo en esta entrada.

     Siempre he tenido trabajando conmigo a los mejores profesionales y a las mejores personas. Puede parecer que me ciega el cariño y quizá en parte sea así, pero estoy plenamente convencido de lo que digo. Me ha ocurrido en casi todos los trabajos que he tenido, pero desde que ejerzo el trabajo social en Servicios Sociales, con la presión que implica en muchos momentos, un pilar fundamental han sido mis compañeras

     Soy consciente de que he tenido suerte, no todo el mundo tiene tan buen ambiente de trabajo como el que yo disfruto, algo fundamental para poder prestar una atención integral y de calidad a los usuarios del servicio del que somos responsables, pero supongo que también he puesto de mi parte para que las relaciones fluyan. Y es que aunque necesito mis momentos de soledad a menudo, si algo me apasiona en esta vida son las personas. Me encanta observar, analizar comportamientos, conversar, profundizar en las relaciones y disfruto como un cochino en un charco con lo mucho que aprendo cada día de la gente con la que tengo la fortuna de cruzarme en mi día a día.

     Y si las personas con las que tengo relación a diario son tan brillantes, alegres y optimistas como las de la canción de R.E.M. que hoy comparto, nada en esta vida puede salir mal. Gente feliz y brillante tomadas de la mano, gente feliz y brillante riendo. ¿Qué más se puede pedir para ir a trabajar cada día con una sonrisa?

P.D. 1. Si quieres saber más de mi día a día en Servicios Sociales puedes leer esta ENTRADA. Y si tienes interés en cómo empezó todo esto puedes leer esta otra ENTRADA.

P.D. 2. Es evidente que esta es una entrada de AGRADECIMIENTO, pero también quiero que sea de MOTIVACIÓN. Un mundo con gente brillante y feliz, a lo R.E.M., puede ser un mundo creativo y ¡alucinante!