sábado, 7 de septiembre de 2013

Mecenazgo indecente o cuando las barbas del mecenazgo veas cortar...


        Quizá el título de esta entrada sea un poco exagerado. El mecenazgo no es indecente, pero el título ha salido de forma instintiva, sin pensar demasiado, así que he decidido dejarlo pues algún motivo debe haber para que los dedos se hayan desplazado por el teclado de esta manera. No se me ofendan, delego toda responsabilidad sobre este asunto.

        Algunas iniciativas de mecenazgo me resultan muy interesantes, y es el modo de sacar adelante proyectos que de otro modo nunca verían la luz. Por lo tanto, no seré yo quien lo rechace, de hecho ya conozco varios casos que apoyo totalmente. Un ejemplo que todos conocemos está en la declaración de la renta. Yo cada año marco la casilla de fines sociales y en función del número de cruces, el Estado dedicará más o menos presupuesto a este tipo de fines. No es lo ideal, existen fórmulas mucho mejores, pero que no sea la mejor, no le resta utilidad. 

        Surge la idea de este artículo a raíz de una noticia que me preocupa. Ayer oí de pasada algo sobre una Universidad española que había creado una bolsa de particulares para apadrinar estudiantes. No me enteré demasiado bien, así que decidí investigar en el maravilloso mundo de la red, descubriendo que ha sido desde el rectorado de la Universidad de Málaga que han puesto en marcha esta iniciativa. Indagando un poco más descubro que no es un hecho aislado y que las diferentes Universidades se están tomando muy en serio el tema del mecenazgo. Parece que es algo que se viene cociendo desde hace tiempo y yo estaba sin enterarme: el señor Wert ya propuso en febrero la creación de una ley de mecenazgo para la reforma universitaria. Si os interesa el tema os dejo dos enlaces: uno corto para gente con poco tiempo (también llamados vaguetes) y otro un poco más extenso para gente que se quiere informar con algo más de detalle (también llamados gente aburrida sin vida social). 

        No pongo en duda la buena intención de las Universidades. Las becas se reducen de forma drástica y las tasas aumentan hasta el infinito, convirtiendo el hecho de estudiar en un privilegio. Cada cual en su ámbito hace lo que puede para mantener en alguna medida lo que teníamos hasta ahora, pero si reflexionamos un poco sobre el asunto, dan ganas de tirar la toalla. Estamos creando un sistema arbitrario, en el que se está explotando demasiado la solidaridad de la ciudadanía y en el que para cubrir unos mínimos hay que ir a la televisión a contar tus miserias. Antes teníamos derechos, ahora tenemos mecenazgo.

        ¿Llegará esto a los Servicios Sociales públicos? La sabiduría popular nos dice que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pongas las tuyas a remojar. Si en las Universidades empiezan a depender de particulares y empresas para financiar los estudios de aquellos que no se los pueden costear, ¿cuándo veremos esto en nuestro ámbito? Ah, calla, calla, que ya lo estamos viendo. 

        La prestación de Servicios Sociales se puede llevar a cabo de dos formas: mediante iniciativa pública o privada. Deberíamos tener muy claro a estas alturas que los Servicios Sociales Básicos han de ser públicos, y por lo tanto, basados en derechos, no pudiendo depender en ningún caso de mecenazgos de ninguna clase. Aquellos de iniciativa privada o social, que complementan a lo público, se podrán financiar por medio de la solidaridad ciudadana, y entonces tendremos una mayor protección social, pero deberíamos ser capaces de diferenciar ambos sistemas y entender por qué cada uno tiene su sitio y razón de ser.


        En los últimos meses me he dejado barba. No sé si habrá sido una decisión consciente, desconozco si ha sido una decisión inteligente, no sé si habrá sido pura casualidad. Creo que me debería poner a remojo. De momento, me lo estoy pensando.

¡Saludos!