lunes, 23 de septiembre de 2013

ALMERÍA, EL OTOÑO, EL INICIO DE CURSO Y OTRAS ZARANDAJAS




Este verano he tenido el blog un poco desatendido, las entradas han estado más espaciadas y he ofrecido menos novedades. Además adoro el mes de septiembre para escaparme buscando sol y así alargar un poco más la etapa estival. Así que me encuentro en este momento, a punto de retomar de nuevo mi actividad laboral tras dos semanas de descanso, sentado ante el ordenador para formalizar, también a través de este espacio, el cambio de tiempo.

            El descanso es necesario para todo el mundo. El trabajo, que nos da de comer y nos proporciona un techo bajo el que refugiarnos, que paga facturas y según he oído nos dignifica (entiendo que sobre todo a quienes tenemos un trabajo vocacional), también tiene un nivel de tensión que se libera en nuestros tiempos de descanso.

            Estas vacaciones han sido de esas que  hay que marcar en rojo en el calendario. Septiembre de 2013: días excepcionales de descanso, magníficos días de nuevas experiencias y de otras ya conocidas, personas únicas con quienes seguir compartiendo momentos especiales y momentos rutinarios. A mi lado quien siempre está y a mi lado personas nuevas que quizá se queden para siempre.

            Almería, tierra de la compañera Belén, que se ha comprometido a indicarme rincones que aún desconozco de su provincia, ha sido el escenario de mi vida relajada en estos días que prometo recordar siempre. Y esta tierra que adoro y que tan buenos momentos me ha proporcionado, merecía formar parte de la raíz de la mandrágora, pues ambas tienen magia, están rodeadas de leyenda y según dicen, son curativas. Además, ambas son maravillas de la naturaleza, regalos para nuestros sentidos que revolucionan nuestras endorfinas a través de su belleza única, dándonos salud y vitalidad.

            Hoy estoy nostálgico y me ha dado por escuchar la canción “Números cardinales” de Andrés Suárez: si quieres, hacemos el verano algo más largo, si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo… Esa es más o menos la sensación que tengo tras regresar de la hermosa Almería en este repentino comienzo del otoño. Ganas de alargar un poco más el verano, ganas de olvidarme de la ropa unos días más, ganas de leer, de compartir un poco más de tiempo con las personas que me han hecho feliz, ganas de sentir un poco más el calor que en el duro invierno echaré tanto de menos.

Pero aunque en ocasiones no pueda evitar hacerlo, este blog no se creó para contar mi vida personal, y por eso quiero terminar esta entrada diciendo de nuevo HASTA AQUÍ, aportando mi granito de arena a la campaña del Consejo General de Trabajo Social. Porque pasado el verano, sigo siendo un ser libre que sólo calla cuando el silencio es la respuesta, que sólo calla cuando no merece la pena hablar, pero que sigue alzando la voz ante la injusticia incluso si el interlocutor se tapa fuerte las orejas, porque si quiero, también soy capaz de gritar. Y porque cuando se habla claro, incluso en susurros, el mensaje llega siempre a alguna parte. Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero también son poderosas, van calando poco a poco, como el agua del mar.

            Y en este curso que comienza son muchos los temas que me siguen preocupando, pero también quiero hablar de nuevas prácticas que estamos poniendo en marcha en mi Centro de Servicios Sociales y de proyectos que me ilusionan. No sólo de reivindicación vive el trabajador social.

            Mientras cojo fuerza para seguir batallando contra los elementos adversos, os dejo con Andrés Suárez y su deseo de alargar un poquito más el verano.  Escucho esta canción y recuerdo a las personas con las que he pasado estos días. Y me emociona. Gracias chicos, porque seguimos compartiendo.


Si quieres, hacemos el verano algo más largo.
Si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo.
Que la luna siempre llena de tus besos.
  
            Hoy en mi recuerdo ocupa un lugar privilegiado el día pasado en la playa de los muertos, en el entorno del Parque Natural del Cabo de Gata, y la visita al pueblo de Las Negras. Quizá algún día, cansado un poco del mundo, busque allí refugio por una buena temporada, dedicándome a hacer pulseras con hilos de muchos colores y mirando cómo el sol sale y se pone mientras escucho el rumor de las olas del mar. Y con poco más seré inmensamente feliz. Y es que la vida gira y gira...