lunes, 18 de marzo de 2013

Todos somos los 16



La serpiente sin amigos acudió a la sabia lechuza en busca de consejo:

-          No tengo amigos. Todos se apartan de mí por miedo a mi mordedura.
-          Deja de morder –le aconsejó la lechuza.

Después de un tiempo, la serpiente volvió a visitar a la sabia lechuza.

-          ¿Cómo te fue? –le preguntó la lechuza.
-          Dejé de morder pero ahora han dejado de temerme, se ríen de mí, me insultan y me pegan –dijo la serpiente muy triste.
-          Yo te dije que dejaras de morder, no que dejaras de silbar –aclaró la sabia lechuza.

Jorge Bucay

El 13 de febrero se inauguró la torre de fuego en el Parque de Bomberos de la capital charra. En su reforma se ha invertido nada más y nada menos (redoble de tambores, por favor) rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr… ¡la friolera de un millón de euros! Según tengo entendido los bomberos no consideran que esta inversión sea necesaria, pero ya sabemos cómo son nuestros gobernantes, esas gentes de bien. A la inauguración no quiso faltar nadie: alcalde, presidente de la Diputación y oh cielos ¡el mismísimo consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León en persona!

Aquello era un acto institucional. Para un simple trabajador social como yo, no está muy claro qué significa esto exactamente, pero debe de ser “lo más grande” para los políticos porque han invertido muchas perras (de las nuestras, ojo, no de las suyas) y querían que ese día todo el mundo se maravillase ante tan meritoria obra. Hay que entenderles, pobres, en estos tiempos hay pocas posibilidades para que se hagan la foto. El caso es que el invento no les salió muy bien, porque un grupo de unos veinticinco bomberos tuvo la desfachatez de presentarse al acto institucional con una pancarta que decía lo siguiente: “Torre despilfarro 1.034.000 €. Menos políticos. Más educación, sanidad y seguridad”. Yo lo leo y oye, llamadme simple (que lo soy) pero me gusta. Quizá habría añadido algo, no sé, a ver, estoy pensando… pues un “servicios sociales” a lo mejor, pero tampoco me voy a poner muy tiquismiquis, que el contenido de la pancarta es muy propio.

Claro que lo que yo opine no tiene ninguna relevancia, lo importante es lo que opinan nuestros representantes en el Ayuntamiento, esas gentes de bien. Y parece que no les ha gustado mucho. Ojo, que esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión, que para nuestros políticos la libertad de expresión es un derecho constitucional (o fundamental, o algo) lo mismo que para el resto de los mortales ¡pero no en un acto institucional! En un acto de tamaña envergadura (mira que suena soez esta palabra, pero va muy bien con el tono con el que quiero impregnar este relato de los hechos) no se puede uno expresar así de libre, porque interrumpes el acto. ¿No me creéis? Pues  aquí la noticia. La consecuencia de esta “interrupción” no se ha hecho esperar: 16 de los 25 bomberos han sido informados de la apertura de un expediente sancionador. No me preguntéis por qué 16 y no 25 pues no tengo la respuesta, hay pequeños detalles que no logro comprender, habrá que consultar con el equipo de “Cuarto Milenio” para encontrar todas las respuestas.

Como todos sabemos los bomberos son gente valiente y 90 de los 95 que hay en el parque (según he leído en la prensa, que yo no los he contado) se han hecho una foto con la pancarta en apoyo a los compañeros expedientados. Y yo diría más: en defensa de la libertad de pensamiento y la libertad de expresión, sea o no el momento adecuado para nuestros gobernantes, esas gentes de bien. La foto que acompañara este escrito es la de los bomberos solidarios con sus compañeros.

Cuento esta historia porque me preocupa la imagen social que los políticos se empeñan en dar respecto a los funcionarios. Vivimos tiempos brutales y si algo positivo tiene esta crisis es que unos y otros nos vamos retratando poco a poco. Me gustaría con esto transmitir una idea clave: quienes como profesionales prestamos un servicio público a los ciudadanos no somos marionetas de quienes ocupan puestos políticos, que entiendo que también son necesarios, aunque unos y otros tenemos funciones distintas. Nosotros, quienes trabajamos en sanidad, educación, seguridad, servicios sociales y muchos más organismos públicos, tenemos una importante responsabilidad con la ciudadanía y estamos obligados a ofrecer el mejor servicio público. Soy muy consciente de mis obligaciones y quiero que el político y el ciudadano me exijan dar lo mejor de mí como profesional, pero no quiero ser cabeza de turco de nadie, que cada cual asuma lo suyo.

Pienso seguir siendo crítico con la sociedad en la que vivo y no quiero vivir con el miedo a ser expedientado si expreso mis opiniones. Intentaré ser educado, correcto, responsable, pero no me callaré si considero que hay algo que decir. Como la serpiente del cuento con el que abro este escrito, no tengo intención de morder, pero nadie va a impedir que silbe, porque no quiero ir contra mi naturaleza y porque todos podemos aprender más si somos capaces de expresarnos y escucharnos en libertad.

Por este motivo desde aquí quiero mostrar mi solidaridad y apoyo a los 16 compañeros a los que se ha abierto un expediente por expresar una opinión. Porque hoy son ellos pero mañana podemos ser cualquiera.

Os animo a firmar la petición en change.org

¡Hasta la próxima!