lunes, 17 de marzo de 2014

Síndrome de Diógenes

          Hoy tengo el placer de ceder este espacio a mi compañera y amiga Carmen Ruth Boillos, trabajadora social de Servicios Sociales Básicos en la provincia de Soria, que ya os presenté en otra entrada. Mujer inquieta y observadora del mundo y de las personas, característica fundamental en nuestra profesión, ha estudiado en profundidad el Síndrome de Diógenes. Le pedí que escribiera un pequeño artículo para este blog y este es el resultado. Con Carmen este espacio gana mucho. Os dejo con ella.

        Los medios de comunicación recogen periódicamente noticias de mayores que viven y en ocasiones fallecen rodeados de basura, en condiciones de insalubridad y miseria, son personas que padecen el llamado Síndrome de Diógenes, sin embargo uno no se hace a la idea de lo que esto supone hasta que cruza el umbral de la puerta de estas personas y se plantea una intervención con las mismas.

Diógenes de Sínope. Filósofo griego del Siglo IV a. C. 
Debido al profundo impacto que me han producido los casos con los que he intervenido me llevaron hace un par de años a realizar una investigación al respecto, tanto bibliográfica como de intervención, que podéis leer más detenidamente aquí.

La primera pregunta a la que uno se enfrenta ante estas situaciones en las que compartimos con los usuarios olores y suspicacias es ¿Por qué? ¿Qué lleva a una persona a vivir así? ¿Están bien?  Lo cierto es que cuando uno va leyendo e informándose en la poca bibliografía científica que hay, se da cuenta de que todos los autores describen las características, muchos de ellos en función de estas bautizan esta realidad de diferentes maneras (Síndrome Hippie en los Viejos, Pobreza Imaginaria, Síndrome de Autonegligencia, Ruptura Social, Colapso Senil…) pero pocos exploran las causas, de manera que cada uno puede generar su propia teoría al respecto y en función de la información que tenga.

            Bajo mi punto de vista estamos ante personas que padecen una entidad diagnóstica más social que psiquiátrica, puesto que no esta recogida en ninguno de los manuales psiquiátricos internacionales vigentes (DSM IV o CIE-10…), y tiene su fundamento principal en la soledad y una serie de factores estresantes de la edad tardía que se asocian a ciertos rasgos de personalidad y situación social. Aunque si bien es cierto, el futuro manual DSM V en el que están trabajando psiquiatras y psicólogos aparece contemplado el Hoarding Disorder o Trastorno de Acaparamiento, dentro de los Trastornos Obsesivos Compulsivos, no es específicamente un trastorno de acumulo de basura. Otros autores alegan causas orgánicas, lo asocian a enfermedades mentales, discapacidades intelectuales o incluso consumos de sustancias…  Sin embargo para mí no es tan importante una etiqueta psiquiátrica como la incapacidad de autocuidado que conlleva en personas que sufren de soledad, porque ya lo decía la madre Teresa de Calcuta “Causa más muertes la soledad que la enfermedad” y es la soledad la clave para entender este proceso de autoexclusión, abandono y autonegligencia que sufren.

            Las situaciones que se generan reclaman inevitablemente la intervención de los trabajadores sociales, tanto para conjugar el bienestar del individuo (en situación de riesgo propio) como el de sus vecinos (por el riesgo que la situación supone para la salud pública), siendo incluso estos últimos quienes nos solicitan ayuda. Las personas que padecen este Síndrome, tienen como característica propia negarse a recibir cualquier tipo de ayuda formal e informal, sin embargo no podemos descartar intentar buscar la complicidad de la familia en primer lugar, los vecinos e incluso de ir generando espacios de confianza con ellos mismos que nos permitan procesos de rehabilitación social, mejora sanitaria y cura de esa soledad. Pero el trabajador social se encuentra con que la puerta de la casa de la persona se le cierra, la familia no existe o es ajena a la problemática y no responde, los vecinos tienen relaciones muy deterioradas ya con el sujeto… ¿Qué hacer entonces?


Basura acumulada por el Síndrome de Diógenes.
La Ley de Enjuiciamiento Civil obliga a los profesionales a denunciar cualquier situación de riesgo dirigiendo un informe a la Fiscalía en el que se solicite la valoración de la capacidad de obra de la persona y se proponga tomar medidas de protección. Estas comunicaciones son aún más claras si valoramos que las situaciones descritas suponen autonegligencia y por tanto una forma de maltrato, ante la cual siempre hemos de tomar parte. El juzgado podrá llevar a cabo varias medidas de protección: bien a través de la figura de internamiento no voluntario terapéutico para valoración y tratamiento (que puede ser un mero ingreso hospitalario para valoración y recuperación de estado nutricionales deficientes o enfermedades somáticas) o bien a través de la figura de internamiento no voluntario necesario dirigido a mayores que carecen de familiares y que se encuentran en situación de riesgo por la imposibilidad de atender a su cuidado personal, pero más bien con fines asistenciales que garanticen una calidad de vida al individuo. Además en caso de valorar la incapacidad jurídica de la persona para la toma de decisiones, la fiscalía deberá promover tras la notificación su incapacitación jurídica. Sin embargo la valoración del juzgado (a veces de manera inexplicable)  no tiene porque coincidir con la nuestra, pueden llegar incluso a archivar los casos de manera previa cualquier valoración… y de nuevo la responsabilidad de la intervención regresa a nosotros y hemos de buscar creativamente pequeñas soluciones de mejora de vida de estas personas (sería fantástico crear una red de alarma alrededor de la persona, contar con un Servicio de Ayuda a Domicilio más especializado, poder ofrecer limpiezas de choque de la vivienda…) o esperar a que el problema se agrave con el riesgo que esto supone.

Recientemente sigo reflexionando acerca de la manera poder prevenirlo mejor y detectarlo antes, siempre desde la postura de descartar una enfermedad mental de base. Por un lado desde un punto de vista preventivo y acompañados por valoraciones conjuntas con profesionales de la salud, podemos valorar estas situaciones desde la perspectiva de la fragilidad y la vulnerabilidad de los mayores según la Valoración Geriátrica Integral (VGI), porque si bien es cierto que se describen casos en personas jóvenes es mayoritariamente una situación que se da en los mayores. Podría ser muy positivo llegar a establecer escalas específicas que detecten en manera de cribado el riesgo de un mayor a padecer Síndrome de Diógenes. Aunque también como autonegligencia, sería positivo aplicar cuestionario de detección específicos de maltrato, para lo que acepto como bueno el Cuestionario Específico que propone el equipo EDMA[1] que se ajusta su aplicación a los profesionales de los Servicios Sociales, en el que solo diferencia la capacidad o no de tomar las decisiones por parte de la persona en la intervención que se realizará a posteriori.

Carmen, autora de este artículo.
Aunque sin duda, los conceptos que más me hacen reflexionar en las situaciones de Diógenes, son dos conceptos vinculados a la libertad de elección: la autoexclusión, el edadismo, la indefensión aprendida y el suicidio ritual. Porque a través de estos conceptos trato de conectar con sentimientos más profundos que pueden tener estos sujetos que se ven a sí mismos como inútiles o como una carga para la sociedad, ante la cual se revelan y se apartan, ya que creo que desde esta empatía podemos los trabajadores sociales generar vínculos, que rompiendo su profundo sentimiento de soledad e incomprensión, faciliten nuestras intervenciones.

Para mí como trabajadora social los principales retos de nuestra intervención son por un lado la comprensión y empatía con estos sujetos (que nos lleve a romper la barrera de la soledad y rechazo de toda ayuda), la búsqueda de soluciones creativas para mejorar las condiciones de vida en su entorno habitual y procurar la protección ante las situaciones de riesgo.




[1] Consideramos EDMA al equipo de investigadores españoles que ha propuesto las Escalas de detección del riesgo de malos tratos domésticos y comportamientos autonegligentes en personas mayores (Carmen Touza, MªPaz Segura y Carmen Prado, de las Universidades de las Islas baleares y Alcalá de Henares 2008).