jueves, 11 de julio de 2013

Vacaciones a grito pelado



La próxima semana comienzan mis vacaciones y no siento la euforia habitual de esta situación: agobio por cerrar un montón de tareas en el trabajo y emoción por huir de la rutina durante un par de semanas. Cerrar tareas es un reto imposible en Servicios Sociales, pues cada día surgen historias nuevas, pero la emoción ¿dónde está la emoción?


He pensado mucho en los motivos de este cambio interno tan extraño. El caso es que tengo muchas ganas de descansar, quizá más que nunca. Sobre todo necesito descanso mental. Y sin embargo me falta parte de la ilusión que tengo habitualmente otros años en este momento. No es por falta de planes, tengo unos cuantos, y sobre todo tengo la fortuna inmensa de estar bien acompañado, pero hay algo que me impide disfrutar el momento como quisiera.

Nunca me había ido de vacaciones con el trabajo tan en mente. Son muchos los motivos. Los Servicios Sociales atraviesan uno de sus peores momentos, la reforma de la Administración Local puede aprobarse en muy poco tiempo, la gente ya ha aguantado demasiado. Supongo que se me juntan muchas cosas y ya no puedo presumir de “yo en vacaciones desconecto del trabajo totalmente”. Esos eran otros tiempos, cruelmente cercanos, pero otros tiempos.

Las noticias de cambios y más cambios legislativos elevan mi nivel de estrés a límites desconocidos: el gobierno propone a las CCAA eliminar los Defensores del Pueblo autonómicos (Madrid y Murcia ya lo hicieron), supresión como tal del Consejo de la Juventud, supresión o reducción al mínimo del Instituto de la Mujer o del Plan Nacional del Sida, por no hablar de los desmanes en Sanidad, en Educación, privatizaciones varias y el vergonzante desmantelamiento del Sistema de Atención a la Dependencia. Son sólo algunos de los lamentables cambios que estamos experimentando y que ahora me vienen a la mente, aunque cada uno de estos recortes y eliminaciones daría para más de una reflexión, que posiblemente comparta en algún momento. Y mientras la ciudadanía pasa apuros, los casos de corrupción política invaden titulares cada día. Esta es la marca España que están creando. A la que yo me sigo resistiendo.

Con este panorama y ante la cantidad de personas en desempleo en nuestro país, soy muy afortunado al poder disfrutar de mis días de vacaciones, pues eso implica que tengo trabajo, pero no consigo que la sensación de impotencia se vaya del todo para desconectar por unos días. Y es que no me parece justo dejar a un lado lo que está ocurriendo para aislarme del mundo un par de semanas. Mi preocupación por lo que ocurre a mi alrededor y mi responsabilidad social se niega a tener un horario. ¿Quién inventó la conciencia? Tengo derecho. ¿Tengo derecho?

           Ayer, por casualidad, vi el cuadro que ilustra el inicio de esta entrada: “Bathing Men” de Munch. Sí, el pintor del grito, el pintor que pintaba almas, el pintor que reflejó como nadie sentimientos muy intensos en sus obras, un loco, un demente, un provocador, el precursor del expresionismo. Los protagonistas de la imagen hacen algo que adoro: bañarme desnudo en el mar. En estos momentos no sé si me apetece más disfrutar del contacto del sol y el agua sobre mi piel o pegar un grito sanador que me libere de la angustia. Por si acaso pongo ambos cuadros. Quizá haga ambas cosas estos días. Gracias por la inspiración, Munch.

            De todas formas que no sufra quien esté leyendo esto, que yo soy “disfrutón” y hasta cuando me cabreo y me peleo sigo disfrutando. Así que a pesar de la rabia acumulada y de seguir pegado a la actualidad durante las dos próximas semanas, me dejaré llevar por los pequeños placeres y conseguiré que los días de descanso me recarguen lo suficiente para volver a pelearme con el mundo con energía.

         De todas formas, no desaparezco, sigo por aquí. Y os recomiendo que echéis un vistazo a la campaña "hasta aquí": el Trabajo Social no para en verano, porque los ataques tampoco se toman vacaciones.

                             ¡Hasta la próxima!