domingo, 10 de febrero de 2013

Hombrecitos pequeños. Mi reflexión sobre la Renta Básica.



Uno de los grandes misterios de la mandrágora es su raíz antropomórfica, de ahí su atractivo y la cantidad de leyendas en torno a esta mítica planta. Su raíz es como un pequeño hombrecito. Cuando hay suerte una ramificación chiquitita, entre otras dos de mayor tamaño, nos recuerda al sexo masculino: estamos ante un hombre completo bajo tierra. Los filtros amorosos más potentes, según dicen, tienen como ingrediente estrella la raíz de la mandrágora.
En la Edad Media arrancar la planta se consideraba extremadamente peligroso e inventaron un curioso ritual para hacerlo. Se creía que la persona que arrancase la planta, moriría o se volvería loca, al escuchar el potente chillido de ese pequeño hombre que era extraído de la tierra. Debido a esta creencia, se adoptó la costumbre de utilizar a un animal, por lo general una perra negra, que se unía con una soga a la base de la planta. Al llamar al animal éste echaba a correr, arrancando la mandrágora. Al mismo tiempo, otra persona hacía sonar un cuerno con el objeto de no oír el grito desgarrado del pequeño ser humano. La perra moría y el hombre que poseía la raíz, tendría fortuna para siempre.

Aprovecharse del débil para que unos pocos se hagan inmensamente ricos es una constante histórica. Habíamos avanzado, existían clases medias que podían permitirse ciertos lujos, nada extraordinario: una hipoteca de vértigo (como el Gran Hermano de este año), vacaciones anuales, clases de yoga, más ropa de la necesaria y un buen coche. Ahora la gente se suicida (ver listado) y los que concentran en sus manos la riqueza y el poder, se mofan descaradamente de nosotros (Ver a Soraya, un ejemplo al azar). Pero los sobres empiezan a estar manchados de sangre. Ya veremos si os salís con la vuestra ¡miserables!

Este mes el encargo de la BlogoTSfera, hablar de la Renta Básica, me ha recordado una etapa laboral pasada. Ayudaba a jóvenes opositores en una academia de policías, se preparaban para formar parte de la Policía Nacional y mi cometido era ayudarles con la parte de “ciencias sociales”. En general no les gustaba nada, eso de la socialización, los prejuicios, los estereotipos, la desviación, la inadaptación, la marginación social, en definitiva, las causas sociales de la delincuencia, les interesaba, por lo general, bastante poco.
Un tema me gustaba especialmente: la globalización y los movimientos antiglobalización. ATTAC, Renta Básica, Tasa Tobin y Joaquín Estefanía eran palabras repetidas por mí como auténticos mantras. Que conocieran por qué existen los movimientos antiglobalización, en los que es cierto que se infiltraban algunos grupos violentos, era mi principal preocupación. La de ellos: prepararse para actuar cuando grandes masas humanas se concentrasen en un lugar (¿de qué Renta Básica me estás hablando, chaval?). Es cierto que había gente muy sensibilizada en los diferentes grupos que pasaron por mis manos, incluso alguna trabajadora social a la que recuerdo con especial cariño, pero mis clases siempre fueron las menos numerosas.
Hoy el 15-M hereda las reivindicaciones del movimiento antiglobalización y la Renta Básica es una de sus peticiones. Pocas cosas nuevas se han inventado, pero la ciudadanía comienza a despertar tímidamente y empezamos a ver algunos frutos. De la Renta Básica poco puedo añadir, así que recomiendo a quien esté interesado en el tema que acuda a mis compañer@s: Belén, Joaquín, Pedro, Nacho...
La riqueza planetaria es inmensa, los medios de producción han alcanzado un nivel de eficacia impensable hace décadas, la mano de obra necesaria es cada vez menor (ver propuesta del compañero Pablo). Ha llegado el momento de repartir de forma justa y equitativa. La Renta Básica no debería ser una utopía inalcanzable sino una cuestión de sentido común: que todos los seres humanos del planeta tengan cubiertas sus necesidades básicas. Lo contrario es simplemente obsceno.

Es inevitable comparar la Renta Básica con los salarios sociales, ingresos mínimos de inserción o como se llame la ayuda mínima periódica de los Servicios Sociales en cada uno de los reinos de taifas de esta España nuestra. Mis compañer@s también han hecho esta comparación, así que yo hablaré únicamente de lo que ocurre en mi comunidad. En Castilla y León la estrategia ha sido perversa. En 2010 se publica una nueva normativa (ver) y desde mi particular punto de vista, todo ha ido de mal en peor desde entonces. El nombre, Renta Garantizada de Ciudadanía, genera sudores fríos (al menos a este que escribe) porque es tan bonito que en su día me recordó tanto a la Renta Básica, que viendo lo que ha ocurrido después, es como para ponerse a temblar. Sólo un detalle: la media para empezar a cobrarla está en ocho meses.
En principio, al leer la ley puedes pensar que algo hemos avanzado, pues se diferencia entre destinatarios estructurales y coyunturales. Los estructurales son los crónicos de Servicios Sociales, los que tienen en su haber alguna circunstancia que dificulta su inserción social y a estos se les exige firmar un Proyecto Individualizado de Inserción. Los coyunturales, para entendernos, son aquellos que debido a la crisis económica o a su situación particular de ausencia de ingresos y patrimonio, cumplen los requisitos de esta renta, pero no se les exige más que firmar las obligaciones y compromisos generales establecidos en la ley. En principio podemos pensar que es un paso intermedio hacia la Renta Básica, pues en este segundo caso cubre las necesidades sin pedirte mucho a cambio, sin exigirte la inserción social. Pero yo me pregunto ¿no es un poco feo hacer estas diferencias entre ciudadanos? Y me respondo: sí, es feo, muy feo, feísimo, tan feo como Rajoy y Rubalcaba juntos… Y muy perverso.

No me quiero extender mucho más, porque pretendo volver a este asunto próximamente. Me gustaría concluir con  una reflexión que me obliga a regresar a la época medieval y a sus enseñanzas prácticas:

Qué importa sacrificar a unos miles de perros negros, si unos pocos pueden conseguir a cambio una gran fortuna. Abocar a la miseria a la ciudadanía para conseguir la ansiada raíz de la mandrágora, esa que sólo unos pocos privilegiados pueden poseer, es el objetivo último de los poderosos. Y para engañar a estos pobres animales, que pagarán con su propia vida su ignorancia y sumisión, se alían con los medios de comunicación para que actúen como el hipnótico sonido del cuerno, garantizando la protección de los afortunados y la miseria y muerte de ese número cada vez mayor de animalitos al servicio del poder. Pero cuidado, la población está despertando, y quizá no sigamos mucho más tiempo permitiendo que nos pongan la soga al cuello impunemente.

Gracias por haber aguantado este texto hasta el final. Gracias también a mi amigo Argi por volver a ilustrar este escrito. Hasta la próxima!!